Los contrastes en la ratificación del acuerdo generan divergencias en Polonia, otro de los países que falta por firmar el tratado regional.
Los puntos de vistas opuestos se denotan en los dichos del primer ministro polaco, el liberal Donald Tusk, quien aseguró que a su país le interesa firmar el Tratado pese al rechazo de Irlanda. Mientras que horas antes el Presidente de Polonia, Lech Kaczynski, dijo que no se firmará el texto porque no "tiene sentido".
"Estamos convencidos que la ratificación del Tratado es lo que más nos interesa. Es difícil aceptar una situación donde Polonia podría ponerse en la misma posición problemática de Irlanda", indicó Tusk en contraposición a lo defendido por el conservador Kaczynski, quien dijo previamente que rechazará la firma del acuerdo por considerar que la situación actual es muy diferente a la de hace unos meses.
Las contradicciones polacas ilustran lo que sucede en el resto de Europa: Falta una línea común de actuación. En el caso polaco, las divisiones entre los dos máximos mandatarios muestran la resonancia que ha tenido el "No irlandés".
El Parlamento polaco ratificó en abril el acuerdo europeo con los votos del partido del primer ministro, Donald Tusk, y de la formación de los gemelos Kaczynski, Ley y Justicia (PiS), y la sola oposición de una minoría de diputados de ultraderecha. Pero es el presidente del país quien debe firmar en última instancia los tratados internacionales, según la Constitución polaca, sin que ninguna disposición le obligue a hacerlo.
Paradójicamente, Kaczynski rechaza ratificar un texto que él mismo negoció duramente junto con su hermano gemelo, el entonces primer ministro Jaroslaw Kaczynski, que ahora lidera la oposición. La explicación está en que, después de su severa derrota en las elecciones parlamentarias del pasado noviembre, los Kaczynski han retomado antiguas posiciones "euroescépticas" que parecían haber abandonado en el momento de la firma del tratado.
Sarkozy llamó a aislar "No irlandés"
El rechazo de Kaczynski supone un duro golpe a los esfuerzos del mandatario francés, Nicolas Sarkozy, que justamente hoy comienza su turno en la presidencia de la UE con el objetivo de resolver el problema del rechazo de Irlanda al Tratado de Lisboa en el referéndum de ratificación del pasado 12 de junio.
"Nuestra prioridad es circunscribir el problema a los irlandeses y lograr que los demás países continúen con su ratificación", dijo ayer Sarkozy en entrevista televisada.
A la amenaza polaca se añade el problema de República Checa, donde la ratificación se siente lejana por el "euroescepticismo" de una buena parte de la derecha liberal en el poder, empezando por el Presidente Vaclav Klaus.